Moreno

Lo que funciona

Primero lo esencial: el espectáculo está a tope. Cada jornada de grupos se siente como un mini‑torneo, y las sorpresas aparecen como fuegos artificiales. Los clubes que nunca soñaron con la ronda de eliminación ahora reciben su momento bajo los reflectores. La regla de los ocho equipos contra ocho, sin “campeones de Europa” predefinidos, ha democratizado la competición. Aquí tienes la prueba: el último sábado, un equipo mediano arrebató una victoria sobre un gigante de la liga inglesa, y los focos no dejaron de girar. Además, la tecnología VAR, aunque polémica, ha reducido errores garrafales, y los aficionados lo perciben como una mejora tangible. Por si fuera poco, la introducción del “play‑off” extra para los equipos del tercer puesto en cada grupo añadió una capa de drama que antes solo estaba en la fase de mata‑mata.

Impacto económico

Los ingresos por transmisión están por las nubes. Cada partido genera miles de millones en derechos, y los clubes de segunda fila ahora pueden soñar con fichajes de élite. La distribución de ingresos, bajo el esquema actual, favorece a los equipos que avanzan, creando un círculo virtuoso: mejores plantillas, más goles, más dinero. Lo que importa es que la UEFA ha logrado un equilibrio, evitando la concentración extrema que azotó a otras competiciones. ganador-champions.com lo menciona a diario.

Los puntos débiles

Pero no todo es miel. La congestión de partidos asfixia a los planteles. Entrenadores que intentan rotar a sus 11 titulares se ven obligados a sacrificar calidad por descanso. El calendario se vuelve una trampa para los que buscan consistencia en sus ligas domésticas. Además, el formato de grupos favorece a los equipos con mayor profundidad de plantilla, dejando a clubes modestos sin margen de error. Otro punto candente: el desempate de partidos ganados en casa. La regla de “goles fuera” penaliza a los equipos que juegan en estadios de alta presión, creando una injusticia sutil pero latente. Y sí, el VAR sigue generando debates; cada decisión controversial se vuelve tendencia, y el árbitro parece una figura de cristal bajo la lupa de millones.

Desigualdad estructural

En la fase de grupos, los equipos de “big‑money” se reparten la mayoría de los partidos en horarios premium, mientras que los demás quedan relegados a franjas poco atractivas. La percepción pública es que la UEFA protege a sus socios más lucrativos, y eso genera resentimiento. Por otra parte, el número de equipos que pasan a la fase de eliminación es tan alto que el sentido de exclusividad se diluye. Un cuadro de 32 equipos que todos se sienten “merecedores” pierde parte de su mística. Y no olvidemos la polémica de los “seeds” en los sorteos: cada temporada aparecen patrones sospechosos que despiertan sospechas de manipulación.

¿Qué hacer ahora?

La solución es simple: reducir la carga de partidos a una sola ronda de grupos, y ampliar la fase de mata‑mata a 16. Cambiar el criterio de desempate por diferencia de goles global, y reordenar los horarios para equilibrar exposición. Así la competición recupera su esencia y sigue generando ingresos sin aplastar a los equipos pequeños. Ponte en marcha, revisa el calendario y elimina la jornada extra. Acción inmediata.